El contacto piel con piel no solo calma al bebé: ayuda a organizar su sistema nervioso, inmunológico y emocional desde los primeros minutos de vida.
No solo es un momento de amor y afecto, es un verdadero « regulador biológico» para el recién nacido. Cuando el bebé es colocado sobre el pecho de su madre, escucha el latido cardiaco, reconoce el olor y la voz, siente su calor y contención. Su sistema nervioso interpreta que se encuentra seguro. El bebé encuentra calma, disminuye el llanto, se reducen las respuestas al estrés, favoreciendo estados de seguridad y conexión.
Mejora la regulación fisiológica: su temperatura corporal, frecuencia cardiaca, respiración, se regulan los niveles de glucosa y sueño.
Favorece el sistema inmune y la microbiota: facilitando la colonización por bacterias beneficiosas, favorece una microbiota saludable, contribuyendo a la maduración inmunológica, mejorando su adaptación al medio externo, al mundo.
Beneficia la lactancia: aumenta el reflejo de búsqueda y succión, hay mayor producción de oxitocina ( la hormona del placer), se afianza el vinculo madre-bebé ayudando a que la lactancia tenga éxito y mayor duración.
Impacto emocional y epigenético: desde la Psiconeuroinmunología clínica se considera que las experiencias tempranas de seguridad y contacto, modulan los circuitos neuroendócrinos e inmunológicos e influyen favorablemente sobre las respuestas futuras al estrés, participan en la programación biológica temprana del recién nacido.
El contacto temprano, la mirada, el sostén y la calma no solo acompañan el desarrollo del recién nacido sino que también construyen seguridad biológica y emocional.
Dra. Carolina Fessia.